La difusión de las catastróficas consecuencias del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki tuvo un importante papel en generar el rechazo a la utilización del armamento nuclear. Para la opinión pública occidental, repetir esas imágenes, resulta sencillamente impensable.

Algo parecido puede estar sucediendo ahora, y es que el desastre natural sufrido por el coloso asiático casi está pasando a un segundo plano. Las terribles consecuencias del terremoto, y el posterior tsunami, dejan su sitio en las primeras páginas y los mayores titulares al temor a lo que pueda suceder con varios reactores nucleares, los cuales han sido afectados por uno de los mayores movimientos sísmicos de los que se tiene registros.

Ojalá que los temores no se conviertan en realidad y ojalá se logre reconducir la situación de los reactores nucleares fuera de control. Pero, se logre o no controlar la situación, Japón se va a convertir de nuevo en bandera. Antes para decir que no a las armas atómicas, ahora para decir ¿Nucleares? No, gracias.