De los seis españoles residentes en Ibaraki, han sido localizados tres en buenas condiciones, que no han sido afectados por el terremoto.

Lo entiendo. Exteriores y la embajada están para eso, para localizar y proteger a nuestros ciudadanos en el exterior, entre otras cosas. Y la prensa tiene que difundir estas noticias. Pero me sienta mal su lectura. Me sienta como una auténtica bofetada.

Me parece el colmo del provincianismo y el ombliguismo más absurdos. Mientras no se ha terminado de contar los miles de muertos, mientras se rescata gente de los escombros, mientras se corre un riesgo nuclear sin precedentes, me repugna convertir en noticia de primera plana el haber encontrado a tres compatriotas sanos y salvos.

Continuando con la noticia, el "que no han sido afectados por el terremoto"  me parece un auténtico delirio. Querrán decir que están vivos, que no están heridos físicamente. Decir que no están afectados tras vivir una catástrofe de estas dimensiones es simplemente un uso estúpido del lenguaje, cuando menos.

Uno de los debates más encendidos de los últimos años se centra en el futuro del periodismo ante el "acoso" de internet, en cómo adaptarse a una situación en la que un blogger puede tener más lectores que el New York Times (algo que ya ha sucedido).

Probablemente, la culpa no sea de las nuevas tecnologías, ni siquiera de la mayor o menor capacidad de los medios tradicionales para encontrar su hueco en la red. Probablemente tenga mucho que ver con la banalización de la información, convertida en efímera mercancía de usar y tirar.

Noticias como ésta ilustran mi última observación.