Llueve sobre la ciudad.

Parece como, si por un momento,
el triste gris del asfalto recobrara
su vocación de espejo,
aunque solo sea para reflejar
los tristes, cansados, panzudos
vientres de coches.

Llueve sobre la ciudad.

Las gotas titilan musitando mensajes,
mas no hay nadie que entienda el lenguaje,
los versos que forma el agua al caer.

Llueve sobre la ciudad.

La gente corre a esconderse en sus guaridas,
pues no sabe que la lluvia limpia
el triste gris de la monotonía
con que día tras día
nos envuelve la ciudad.

Llueve.