Oigo las primeras noticias sobre el terremoto de Japón. Se habla de apenas unos cientos de afectados y se reporta el primer muerto.

Mi primera reacción es pensar en la capacidad de Japón para resistir los terremotos. Años de una construcción exigente, de protocolos de actuación, de medidas ensayadas de evacuación deben haberle permitido soportar el violento sismo.

En cierta medida, conocida ahora la magnitud real de la tragedia, sigo pensando lo mismo y sé que, sin lugar a dudas, la preparación previa de Japón hará que los efectos del drama sean mucho menores que si este terremoto se hubiera producido en cualquier otro país (como dice Forges, no te olvides de Haití).

Pero reconociendo la extraordinaria fortaleza de Japón, no se puede negar lo evidente, ante los fenómenos naturales la escala de los esfuerzos humanos es prácticamente irrelevante. Somos terriblemente vulnerables, aunque a veces nos consideremos dioses.