No hay duda, al parecer, de que en España se ha consolidado el bipartidismo. Esa es una de las verdades que se asumen sin ningún tipo de controversia en cualquier debate, tertulia o conversación que verse sobre política.

Sin embargo, desde el año 77 las únicas mayoría absolutas se han producido en 1982 y en 1986 para el PSOE, y en el 2000 para el PP. Con el añadido de una tercera para el PSOE en 1989 si se quiere contar como tal el resultado de 175 diputados, uno por debajo de la mayoría absoluta.

Es decir, que salvo 12 años (o 16, según se cuente la de 175 diputados), los dos grandes partidos han debido contar con el respaldo de alguno/s de los otros partidos para poder gobernar. Nada que ver con el esquema de alternancia que se produce en Estados Unidos o en Inglaterra, ejemplos claros de bipartidismo, donde el recurso a un tercer partido es anecdótico.

Por tanto, en el caso español estaríamos hablando de un escenario dominado por dos fuerzas cuasi hegemónicas, pero incapaces, salvo los periodos reseñados, de gobernar en solitario.

Junto a esa apreciación, incorrecta desde mi punto de vista, de que el sistema español pueda caractarizarse como bipartidista, suele manejarse la idea de que ese bipartidismo, inexistente, es fruto de un sistema electoral perverso, que impide a Izquierda Unida obtener la representación que merece.

Es conveniente acercarse en este caso a las cifras, y ver los resultados obtenidos primero por el Partido Comunista de España y posteriormente por Izquierda Unida:

Año

Votos

Porcentaje

Diputados

Nombre

2008

969.946

3,77

2

IU

2004

1.284.081

4,96

5

IU

2000

1.263.043

5,45

8

IU

1996

2.639.774

10,54

21

IU

1993

2.253.722

9,55

18

IU

1989

1.858.588

9,07

17

IU

1986

935.504

4,63

7

IU

1982

846.515

4,02

4

PC

1979

1.938.487

10,77

23

PC

1977

1.709.890

9,33

19

PC



A pesar de la supuesta perversión del sistema, el PCE e IU han logrado situarse en cotas de más de 20 diputados y el sistema no ha cambiado, ha sido el mismo a lo largo de todo el periodo considerado.

El sistema electoral español, como todos, es perfectible. Como todos los sistemas electorales que se consideren, presenta ventajas e inconvenientes. Pero los resultados del PCE y posteriormente de IU se deben única y exclusivamente a que los ciudadanos y ciudadanas de este país le han otorgado o retirado su confianza, no a la bondad o perversión del sistema electoral.

Si queremos avanzar en mejorar el sistema, debemos comenzar por hacer diagnósticos más certeros, alejándonos de las leyendas urbanas.