Algo hemos ido perdiendo por el camino

Tras haber encadenado tres derrotas consecutivas (europeas, locales y generales), se extiende por el Partido la necesidad de una reflexión en profundidad. Algo que exigen no solo los militantes y simpatizantes del PSOE, sino que le reclama la sociedad en su conjunto y que se debe a sí mismo el propio Partido.

Una reflexión que exige tiempo y método, para evitar que quede resumida a “el impacto de la crisis económica”, una explicación cierta en gran medida y que es válida como conclusión inmediata al conocer los resultados, pero que a medida que transcurre el tiempo se revela insuficiente.

Una reflexión que no puede limitarse a un análisis post mortem, sino que debe contribuir a crear las condiciones que permitan que el Partido vuelva a gozar de la confianza mayoritaria de los ciudadanos y las ciudadanas.

No va a bastar con los congresos que se avecinan. No va a dar tiempo a que una ponencia política que ha de estar lista en los primeros días del inminente enero y que va a contar con apenas un mes para el proceso de enmiendas, dé respuesta en dos días de trabajo efectivo en el próximo congreso federal a los interrogantes abiertos.

A las premuras del tiempo ha de sumarse algo totalmente inevitable: la focalización que va a experimentar el congreso federal en el proceso de construir un nuevo liderazgo. Igualmente sucederá en los congresos autonómicos y provinciales o insulares. Eso es así, y así ha de reconocerse.

Por tanto, y a pesar de que urge la puesta al día programática o mejor, precisamente porque esa puesta al día es urgente e imprescindible, el Partido ha de prepararse para un periodo de reflexión que vaya más allá del próximo proceso congresual. Un proceso en el que a partir de la ponencia aprobada se siga profundizando no solo en las causas de la derrota, sino en las exigencias del electorado para devolvernos su confianza.

No se puede afrontar con éxito ese proceso desde el ombliguismo. El PSOE no ha perdido el apoyo ciudadano por causas imputables únicamente al PSOE como organización, ni lo ha perdido ahora, el proceso es más largo y profundo.

La reflexión sobre el futuro del PSOE ha de enmarcarse en la progresiva pérdida de respaldo de la socialdemocracia, en el alejamiento generalizado de la política. No cabe entender esta propuesta como un intento de buscar una coartada, ni de diluir las responsabilidades en un ámbito más amplio: es la exigencia de un mínimo rigor intelectual que sitúe el debate en sus términos adecuados y no lo convierta en un ejercicio estéril limitado a la búsqueda de nuevos equilibrios de poder.

Nuevos equilibrios de poder que son necesarios e inevitables y que, en la medida que sean (y lo serán) libremente decididos por los militantes y las militantes del PSOE, serán legítimos, pero nunca serán la única respuesta.

Convertir al PSOE de nuevo en el partido preferido por la ciudadanía no puede depender de los errores del Partido Popular, ni esperar por un cambio de ciclo.