A ver qué hacemos entre todxs

Urge la reflexión tras las derrotas. Urge el debate ideológico. Urge el cambio de dirección, de equipos y hasta de modelo de organización. 

La contundencia de la derrota del PSOE ha generado un clima entre los militantes y simpatizantes de necesidad imperiosa y urgente de cambio. Sensación reforzada por editoriales de prensa, intervenciones de tertulianos, y comentarios de familiares, amigos y conocidos.

Casi podría parecer que los días que quedan para al 38º Congreso son demasiados en ese anhelo de cambio radical, en esa necesidad de catarsis colectiva.

Hay un aspecto cierto en ese deseo colectivo de cambio: ninguna fuerza política puede sufrir una derrota como la padecida por el PSOE y pretender seguir adelante como si nada hubiera pasado.

Esa realidad esconde otra: no ha habido tiempo suficiente para un debate sereno, no existen todavía análisis rigurosos de lo sucedido y es disparatado confundir la reflexión con las respuestas inmediatas.

Sin embargo, el Partido camina hacia ese inminente 38º Congreso y aprobará la ponencia marco con las enmiendas que los delegados y las delegadas consideren, inmersos en esa urgencia de cambio, sometidos al calendario que el propio Partido se ha impuesto.

Es inevitable, necesario y adecuado hacerlo, pero será insuficiente.

La dirección que salga del congreso, el Partido en su conjunto, cometerá un grave error si considera que bastará con los trabajos del 38º Congreso para dotarse del marco en el que desarrollar la acción política los próximos cuatro años. Volverá a ser un ejercicio de tacticismo.

Los cambios acaecidos desde hace años en España, en Europa, en el sur del Mediterráneo, en el contexto global, son de tal calado que a lo largo de diferentes convocatorias en distintos países se constata un retroceso importantísimo de la socialdemocracia, precisamente en los momentos en que más necesarios serían gobiernos de izquierdas.

Falta trabajo teórico, falta sobre todo trabajo en común con el resto de partidos socialistas europeos, que permita formular una alternativa global de izquierdas que posibilite el reencuentro mayoritario de la socialdemocracia con la ciudadanía.

No bastará con que del 38º Congreso salga una ponencia marco potente, el Partido necesita de un compromiso colectivo que vuelque a la totalidad de la organización en un proceso de reflexión no sometido a las urgencias congresuales.

Conferencias políticas, jornadas, seminarios y cualquier otra modalidad de encuentro, serán los foros necesarios para repensar. Ejercicios de reflexión que, además, no podrán ser llevados a cabo por el Partido en solitario, sino que requerirán de una permanente interlocución con teóricos y activistas, con el mundo de las ONGs y el de los sindicatos, con los militantes y con los simpatizantes y, por qué no empezar a pensarlo, con organizaciones políticas de reciente creación, de baja implantación que han tendido, legítimamente, a ocupar los espacios que el PSOE ha descuidado cuando no abandonado.

Por eso no puede verse el 38º Congreso como una especie de inmersión en el Jordán, sino como un punto de partida. Podría esgrimirse que todos los congresos los son, pero las conclusiones de éste han de dotarse necesariamente de una cierta provisionalidad para evitar que el Partido se fosilice los próximos cuatro años por someterse a un análisis apresurado, golpeados todavía por el impacto de las derrotas padecidas.

Buscando el símil con los procesos de cambios profundos que sufren las sociedades en ocasiones, podría decirse que no pasaría nada malo, que podría hasta ser recomendable, si el próximo 38º Congreso fuera en cierta medida un congreso constituyente, que la dirección emanada del mismo y su propuesta de trabajo hubieran de ser refrendados tras uno o dos años de intenso trabajo interno.

Hay que cumplir con las urgencias que marca el calendario, pero la agenda posterior ha de estar repleta de propuestas de trabajo que sirvan, en la medida que sea necesario, hasta para cuestionar los resultados del próximo congreso.