El impacto de la derrota, la presión de la crítica de los medios, la desazón de los militantes, las exigencias a las que es tan sensible el Partido de lo que puede representar el 15M y su espíritu, llevan a una conclusión inmediata: el PSOE ha perdido el contacto con la ciudadanía.

La solución más urgente, por tanto, es buscar mecanismos para oír a esa ciudadanía, para conocer sus demandas de tal manera que el Partido se pueda poner a su servicio.

Por supuesto que hay que escuchar a la ciudadanía y eso es precisamente lo que se ha hecho. Tanto a lo largo de los diferentes mandatos, como durante los procesos electorales, los gobernantes/candidatos, la organización, no paran de ver encuestas, de mantener reuniones con todo tipo de colectivos. El Partido, con luces y sombras, tiene un excelente nivel de interlocución con la ciudadanía y habrá de seguir manteniéndolo y mejorándolo, con especial atención a algo que a día de hoy no ha sido utilizado en todo su potencial: las redes sociales.

En ese sentido nadie puede pensar que el Partido llegó a los últimos procesos electorales desconociendo las preocupaciones de la ciudadanía: la pérdida del trabajo, las dificultades para acceder al crédito, las hipotecas impagables... ¿qué necesidad conocía el PP e ignoró el PSOE? ¿Hablaba el PSOE de vaguedades que nada tenían que ver con las preocupaciones de la sociedad española? ¿Puso el PP sobre la mesa respuestas a necesidades que el PSOE ignoraba y desatendió?

Probablemente una de las mayores enseñanzas que se pude extraer de estas elecciones es que no han triunfado las propuestas (inexistentes) del PP, ha vencido el análisis de la realidad que los populares impusieron.

Por tanto, habría que pensar que tan importante como escuchar a la ciudadanía, es hablar a la ciudadanía, pues al fin y al cabo se trata de establecer un diálogo.

Pero hablar con la ciudadanía no es tan solo trasladar un catálogo de propuestas o de críticas al adversario. No basta.

Recuperar la sintonía con la ciudadanía significa trasladar a ésta (y lograr que lo comparta) un análisis sólido y fundamentado de la realidad en que vive inmersa, un conjunto de valores que han de presidir la respuesta política a los retos que plantea esa realidad y, por último, la oferta de medidas y equipos para transformar esa realidad.

Es la única respuesta posible a la afirmación anterior de que la victoria del PP se debe a que logró imponer su análisis de la realidad.

Pero más allá de la dimensión estratégica de la necesidad de explicar, explicar y explicar la realidad, ha de tenerse en cuenta que el PSOE no es tan solo una maquinaria de gestionar poder, de acumular votos para simplemente gobernar. El PSOE aspira a transformar la sociedad y el día que ese deje de ser su primer objetivo dejará de ser el PSOE.

La otra alternativa es convertir al Partido en un mero portavoz de “lo que piensa” la ciudadanía, una mera maquinaria para ejecutar “las decisiones” de la ciudadanía. Lo que se piensa, lo que se desea, al final no es más que un resultado estadístico, enormemente cambiante en el tiempo y, en muchísimas ocasiones, contradictorio en el fondo con las aspiraciones fundamentales del propio consultado.

Dos ejemplos que pudieran parecer forzados, pero que son enormemente útiles por ciertos, serían los siguientes. Después de un crimen horroroso con connotaciones sexuales cometido contra una menor, si se encuestara a la población y el resultado marcara la línea política del Partido, el PSOE terminaría defendiendo la pena de muerte o, al menos, la reclusión perpetua.

Un referéndum para decidir sobre la estabilización del sistema financiero, que preguntara si los ciudadanos y las ciudadanas aceptan que con sus impuestos se “salven” entidades financieras, llevaría al PSOE a proponer que se dejaran caer los Lehman Brothers hispanos.

Esa es la dificultad a la hora de hacer política un partido de izquierdas, como el PSOE: la dialéctica permanente de ser y considerarse una fuerza política al servicio de la ciudadanía y saber, al tiempo, que su papel no es el de mero portavoz o ejecutor de la misma.

La tentación, en un momento de extrema dureza como el que vive el PSOE en la actualidad, es justamente la contraria: buscar la aprobación por la vía de acercarse a las demandas en lugar de luchar por conseguir que sean nuestras ofertas las que se conviertan en aspiraciones mayoritarias.

La dictadura de los 20 segundos en los medios, la sustitución de la información rigurosa por la mera acumulación de titulares, el vértigo de los nuevos canales de comunicación, han llevado a una simplificación brutal del mensaje, a una apelación al voto más sentimental que razonada.

El peligro es que cuando se trabaja simplemente con eslóganes, normalmente los más simples son los que mejor calan y en se sentido el análisis del PP era irrebatible: 5 millones de parados. 

Construir un análisis alternativo a ése es difícil y más cuando en muchísimas ocasiones los cargos públicos del Partido se limitan a ser portavoces de sus áreas de responsabilidad institucional, amplificando el contenido de sus notas de prensa, renunciando a convertir sus intervenciones en “políticas”.

Escuchar y escuchar es cada vez más necesario. Construir un discurso sólido, capaz de hacer llegar a la ciudadanía nuestro proyecto y lograr que lo comparta es imprescindible.