En pocas fechas hemos conocido tres datos importantes: José Francisco Reyes ha disfrutado de un incremento patrimonial injustificado de más de un millón de euros, Yaiza ha dejado de ingresar 638.000 euros al año tan solo por que los dos puertos del municipio no pagan impuestos e instalaciones turísticas se han ampliado ilegalmente en suelo público destinado a zonas verdes.

Ya conocíamos la existencia de licencias ilegales que, para más escarnio, declaraban en algunos casos valores de construcción por 12 millones de euros cuando en el procedimiento judicial hablaban de 60 millones. Eso significa que el ayuntamiento cobró tan solo la quinta parte de lo que podía haber ingresado.

Frente al interesado relato que reducía todo el conflicto a un honesto grupo de empresarios perseguidos por envidia y celos, a un sufrido alcalde que las 24 horas tan solo pensaba en el bienestar de su pueblo, a radicales nonistas empeñados en volver a las cavernas, se abre paso la historia auténtica: la de una auténtica panda de golfos que hicieron de Yaiza su cortijo y la de su medianero, un ignorante que ha convertido a su familia en carne de presidio y a su pueblo en un municipio cargado de deudas y problemas cuando podía ser uno de los más ricos de Canarias.