Los responsable de la justicia española parece empeñados en arrastrar su imagen por el lodo, como si fuera poco el serio deterioro que padece.

La ciudadanía percibe a la justicia como lenta e ineficaz. Preocupante por la presencia en activo de magistrados y magistradas capaces de dictar sentencias como la de la minifalda o la de que para conciliar están las guarderías.

Servil con los poderosos y ciega e implacable ante los débiles, es como se ha mostrado con las absoluciones de banqueros y los desahucios de los hipotecados.

Vengativa con Garzón por haberse atrevido a pensar que toda esa maquinaria servía para hacer Justicia (la de verdad, de la que se escribe con mayúscula)

Cínica con la imposibilidad de juzgar a Dívar por sus viajes de lujo para reponerse de estrés de las intensas semanas caribeñas, ahora se torna estúpida persiguiendo a Javier Krahe por cocinar un cristo.

La alternativa es construir una justicia que deje de consumir ingentes recursos en perseguir hasta la extenuación pequeños delitos, que perjudican a unos pocos, para dedicarse a la represión de la delincuencia de cuello blanco, que afecta a todos.  Un ejemplo: abrir de oficio una investigación sobre lo sucedido en Bankia.

Pero esa no está, ni se le espera. Es mucho más interesante para esa panda de togados montar un cristo con las recetas de Krahe.