Fernando María Bargalló me cae bien. El tipo a pesar de ser obispo se comporta como una persona normal. Se encuentra con una amiga de la infancia en un lujoso hotel en Méjico y se deja llevar por el cariño, aunque eso le lleve a utilizar "gestos ambiguos" que pudieran generar confusión, por utilizar sus propias palabras.

Claro que hay quien se pone a enredar, y resulta que a lo mejor no es que coincidieran en Méjico, sino que fueron juntos. A lo mejor esa mención a "una amiga de la infancia" que inevitablemente evoca un reencuentro tras largos años, oculta una relación habitual.

Pero bueno, en todo caso, estamos hablando de que el prelado ha sido pillado en Méjico en compañía de una mujer, con la que tiene gestos de una cierta intimidad.

Me cae bien el Fernando María Bargalló, pero se ha equivocado.

Estas cosas se hacen en la intimidad de la sacristía y con niños angelicales, que a las mujeres las carga el diablo.