Las Crónicas de Cram

Mi nombre es Cram. En la lengua antigua, la que utilizo para estas crónicas, significa “el que cojea”, pues tras años incontables en las cavernas, nuestros nombres dicen quienes somos, o cómo somos, por lo que, incluso, cambian a lo largo de nuestras vidas.

Antes que mi pierna derecha se rompiera, fui Whort, El que Escribe. Dice mucho de cómo se ha perdido entre nosotros el arte de la escritura que sea más El que Cojea que El que Escribe. Pero estoy siendo injusto con mi gente, tal vez en un exceso de amargura incontrolada. Si no fuera por la importancia que los míos dan a estas Crónicas, sería imposible para mí el dedicar la mayor parte del día a escribir, mientras el resto de mi pueblo se vuelca en garantizar nuestra magra subsistencia.