Desayuno con Daniel

Del frío de Callao, Daniel ha llegado “ligeramente” tarde, pasamos al calor sofocante (pero agradable) de un Coffe & Tea.

Decoración abigarrada que mezcla el toque retro de los sacos de café y cuadros sobre todo ese mundo que gira alrededor de esa baya milagrosa, con los estampados modernos y la carta de pizzas y crujicoques.

La tostada con mantequilla y mermelada y el café con leche caliente se acompañan con la charla cálida de Daniel.

Hace nada era el más pequeño, el que quedaba en casa, fijo encerrado en su cuarto o en la tele. Eso sí, cada vez que salía o en las sobremesas, las conversaciones, sobre los temas más variados, se hacían interminables.

Hoy, vive su vida en Madrid dedicado a lo que le apasiona, la informática y las matemáticas. Además, no tengo más remedio que imaginar un futuro profesional que lo mantenga alejado de Lanzarote.

Lo miraba y pensaba que para eso criamos a los hijos, para que vivan la vida que elijan. Me conforta pensar eso, cuando realmente lo que desearía es cobijarlos para siempre.

Llueve

Sé que no es ninguna novedad que en Madrid llueva, pero con la de años que llevo viniendo es la primera vez que paseo por Madrid con lluvia.

He visto llover otras veces desde el taxi, y me he bajado corriendo al hotel, o entrado rápido en el edificio al que iba. He desembarcado en Barajas y me ha recibido el olor a fresco, tan extraño en el aeropuerto, pero ha sido solo un ramalazo antes de entrar en la enorme pecera de la terminal.

Hoy, por primera vez en Madrid he caminado bajo la lluvia.

Viaje a Madrid

Llueve

Sé que no es ninguna novedad que en Madrid llueva, pero con la de años que llevo viniendo es la primera vez que paseo por Madrid con lluvia.

He visto llover otras veces desde el taxi, y me he bajado corriendo al hotel, o entrado rápido en el edificio al que iba. He desembarcado en Barajas y me ha recibido el olor a fresco, tan extraño en el aeropuerto, pero ha sido solo un ramalazo antes de entrar en la enorme pecera de la terminal.

Hoy, por primera vez en Madrid he caminado bajo la lluvia.

Libre

Hoy soy un poco más libre. Un poquito apenas, es cierto, pero un poquito más. Hoy he sustituido mi querido OpenOffice por LibreOffice, y no, no es tan solo un cambio de nombre.

Para entender el nacimiento de LibreOffice, hay que recordar que la suite ofimática OpenOffice pasó a estar controlada por Oracle tras la adquisición de Sun por parte del gigante de las bases de datos. Ante esta nueva situación, y debido al temor de que Oracle aplicara políticas más restrictivas que Sun, un grupo de desarrolladores ha puesto en marcha LibreOffice, un fork (bifurcación) de OpenOffice que pasará a estar bajo el control de The Document Foundation, garantizando la plena libertad de desarrollo y utilización de la popular suite ofimática.

El primer paso dado por el nuevo grupo ha sido invitar a Oracle a unirse al mismo y a donar el nombre de OpenOffice, a lo que Oracle se ha negado, con lo cual parece que llevaban razón los promotores de The Document Foundation.

Al final, la historia seguro que discurrirá por un derrotero similar al del escritorio KDE. La negativa de Trolltech a liberar el código de las librería QT, corazón del KDE, llevó al nacimiento del escritorio GNOME.

Hoy, gracias a los creadores de GNOME no solo tenemos un maravilloso escritorio libre, sino que KDE ha sido liberado como una feliz consecuencia. Es lo que tiene el mundo del software libre, a la fuerza ahorcan...a los que se empeñan en poner puertas al campo.

Doctorado en violencia

El estado de Tejas permitirá llevar armas en las universidades.

Si sorprende la decisión de los legisladores tejanos, más sorprendente aún resulta la razón esgrimida: si los profesores y estudiantes fueran armados, no se producirían masacres como la de 2007 en la universidad de Virginia Tech, en la que 32 alumnos y profesores perdieron la vida a manos de un estudiante.

En vez de plantear medidas de control para evitar que entre armado un perturbado que pueda provocar una matanza, la solución tejana para por armar una batalla campal, y luego a evaluar los "daños colaterales".

Uno de los rasgos del proceso civilizatorio es que, reconociendo que no pueden erradicarse los comportamientos violentos o meramente antisociales, el control y la represión de los mismos queda reservado en exclusiva al aparato de seguridad del estado. Lo contrario es volver directamente al salvaje oeste. ¡Ah!, es que estamos en Tejas.