Transparente

Comenzó por el dedo pequeño del pie izquierdo. No llegaba a ser picazón, tan solo una sensación extraña. Una sensación ni siquiera incómoda, simplemente extraña, y más extraña cuando, con el paso de los días, el dedo se fue volviendo completamente transparente.

Trató de decírselo una de las noches que estaba de buenas. ¿Sabes lo que me ha pasado?. Alguna bobería de las tuyas, y se giró en la cama, en medio del vaho de alcohol que siempre le acompañaba.

Bea

Bea y el negro se sentaban en las tardes bajo la higuera.

El banco, bajo la sombra, había sido desde siempre el sitio de Bea. Acomodada en él, dejaba pasar las horas de más calor y daba la bienvenida a los primeros frescos de la noche. Horas largas, horas espesas, punteadas por el movimiento de la mano al limpiar el hilillo de baba que escapaba de su sonrisa perenne.

Vacaciones

Ain svai trai. Todos a despertar. Y suena la canción empalagosa, de pretendidas voces infantiles, de falsetes insoportables. Buenos días. Hoy va a ser otro día maravilloso en su club de vacaciones.

Comienzan a llenarse los pasillos de autómatas somnolientos. Guten morgen. Guten morgen. Los saludos, apenas mascullados, se suceden camino al comedor. Las jarras de café y zumos de fruta dibujan cercos en el polvo de las mesas. Pilas de plátanos y más plátanos, en todas las fases de maduración, llenan las cestas.